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domingo, 21 de mayo de 2023

1521:La Caída. Mezcla perfecta de luz y tinieblas.



Texto e imágenes: Marisa Garza.


Monterrey, Nuevo León.- Como parte de la programación del Festival Alfonsino, el grupo de Teatro El Milagro presentó "1521: La Caída" un obra con tres momentos que representa la caída de la gran Tenochtitlan, desde la llegada de los españoles hasta la rendición de los mexicas el 13 de agosto de 1521. Un espectáculo conformado por 22 monólogos divididos en cuatro tiempos, en los que cada actor representa un personaje, algunos son históricos como La Malinche, Hernán Cortés y otros ficticios y hasta fantásticos como un guacamayo, una yegua y una perra, lo que tienen en común cada uno es que ofrece una perspectiva particular de un mismo hecho que la obra menciona como inimaginable: La caída de Tencochtitlan. Cada monólogo ofrece un ejercicio redondo que se pueden ver los 4 momentos o no, y se entiende perfectamente, una genialidad de la pluma de su también director David Holguín.


Antes de iniciar la función su director salió al escenario, para informar un inconveniente, las cenizas del Popocatépetl provocaron un caos en las salidas de los vuelos en CDMX, por lo que parte del elenco que sería parte del tercer momento de la obra no pudo llegar a Monterrey. Pero el teatro sucde con que se tiene y con los que están, así que la compañía optó por presentar 4 monólogos de los 5 programados, repitiendo uno del primer momento, pudimos disfrutar nuevamente del divertido personaje del "Guacamayo" además el director ofreció un conversatorio al final con la audiencia que deseara dialogar con él y los actores presentes.


La noche del sábado afuera del recinto llovía y dentro de la sala se escuchaban sonidos de lluvia, tenues choques de metal acompañaron el aroma del copal que iba impregnando el lugar, el telón se abrió y ya estaba sentada en su trono la "COATLICUE", la madre de los dioses, la diosa de la vida y la muerte, nos habló a los mortales de la pena que también sufrieron los dioses, de esa terrible enfermedad que se lleva a sus hijos, la misma enfermedad que tuvo sitiado al imperio mexica: la epidemia de la viruela. En su monólogo Elizabeth Pedroza se entrego al dolor de ir describiendo como si entrance estuviera viendo las horrendas visiones de los que caen, el guerrero hasta hace poco invencible cae, cae la niña arrullada en el pecho de su madre que también cae, cae el que ofrece sacrificios pensando que los dioses nos abandonaron, caen 150 mil mexicas.





El siguiente en aparecer en escena fue Garcí Olguín (Antonio Craviotto) un español que llegó a las nuevas tierras ambicionando un lugar en la historia, y quien desafortunadamente de inició a fin de su relato la frustración se mezcla con el enojo de ver como le dan a otro la gloria que debió saborear él, otro hombre que lleva en el apellido una H más, él fue quien que capturó al gran Moctezuma II. Craviotto en su monólogo nos lleva a un lugar parecido al limbo, donde habitan los que no han de ser recordados por la historia, vemos como su sueño de fama se escurre como arena entre sus dedos y nos cuestiona ¿Quién recordará la resistencia de miles de mexicas? 




El aleteo y la algarabía de un guacamayo mal hablado fue el siguiente en llegar a escena, el actor Mauricio Pimentel interpreto a este animalito que se divierte mezclando las palabras del nuevo idioma de los de los Castilla, entre rimas al ritmo del son jarocho y zapateado, su monólogo fue un interesante perspectiva de la mezcla no solo de las dos lenguas, sino también de las diferentes idiosincrásica, cada lengua como diría León-Portilla "Es una ventana, una puerta, un asomarse de modo distinto a cuanto es ser y vida en la tierra·. 






A la conquista de la Nueva España no sólo desembarcaron soldados y clérigos, también juglares y músicos, el siguiente en llegar al escenario fue un joven "Benito el panderetero" en una parte de su monólogo muestra su mayor temor "Vivimos en el presente, cabalgamos en el tiempo, le tememos el futuro". Él ofreció la visión más apocalíptica de los monólogos presentados, nos da conocer las visiones de lo que le depara el futuro a cada uno de los personajes más importantes de la conquista, el conocer la fecha de tu muerte no te aleja de ella. 




1521: La Caída. Es una proeza, la genialidad de cada uno de los textos, conjugada con una escenografía de apenas pocos elementos un árbol, arena y unos pocos escombros, que ante nuestros ojos se transformaban en lo que cada actor así conjura, fue la celda del fraile, el trono de la Coatlicue, el rincón donde una madre arrulla a su recién nacida y así cada uno; el vestuario, la luz y la impecable ejecución entregada con pasión de cada actante hizo de estás noches la mezcla perfecta de luz y tinieblas que fue el fin de una civilización y el comienzo de lo que ahora somos. 





sábado, 20 de mayo de 2023

1521: La caída. Nos transporta al pasado por medio de los sentidos.


Por: Marisa Garza.


Monterrey, Nuevo León.- En las instalaciones de la Aula Magna del Colegio Civil, la noche del viernes 19 de mayo pudimos asistir a la obra de Teatro “1521 La Caída” texto y dirección de David Olguín. Como parte del Festival Alfonsino ofrecido por la máxima casa de estudios.


Esta obra está conformada por tres funciones en las que distintas voces nos hablan del mismo hecho histórico: La caída de Tenochtitlán, desde la llegada de los españoles hasta la rendición de los mexicas.

En  la parte dos de tres, nos presentaron cinco monólogos teniendo de fondo unas ramas secas en forma de un árbol que nos remite a la noche triste, plantado sobre cenizas grises y unos cuantos escombros completan una escenografía minimalista que funciona como excelente metáfora del origen de una nueva civilización.

1521: La Caída es una obra de teatro sensorial, el olor de copal nos recibe al ingresar a la sala, su humo purificador nos transporta al pasado por medio de los sentidos, a los lugares en los que los personajes nos van a adentrando, los sonidos de los instrumentos de nuestros pueblos originarios, los cantos y tambores hacen del paisaje sonoro un deleite al oído, visualmente no hay muchos elementos sobre el escenario lo que sí hay es un impecable manejo de la luz, la piel llega a erizarse por momentos ante el relato de la Malinche, doña Marina la lengua de los conquistadores.



Inicia esta segunda parte con Fray Bartolomé de Olmedo (Sergio Zurita), estamos ante el dialogo de un Fray con la virgen, a la que le cuenta lo que lo aflige y le pide consejo ante lo que pasa entre los españoles y las naturales de la nueva tierra. Los soldados e incluso los capitanes se escudan con la frase: La cama une naciones. El mestizaje surgió ante el desviar de la mirada de los Frailes que no pudieron contra el fuerte impulso de la natura que despertaron las indias que son tan, tan lujuriosísimas… (Pobrecitos señores españoles no pudieron salvar su virtud).




El segundo  monólogo fue de la Malinche (Kira Rodriguez) nos muestra una visión de Doña Marina, muy interesante, como una letra cambió su destino, al referirse al señor Cortes como Malinche, la hacían a ella dueña de Cortes y no a la inversa, nos presentan a una mujer que encontró el poder de las palabras y el conocimiento de las lenguas como la clave que la llevó de ser esclava a ser intérprete y ser la compañía más valiosa para Cortes, además de llevarla a estar ante el mismo Tlatoani, y nos muestra un poco de como fue el amor que sintió por Cortes. “Él es yo, yo soy Él. Él es yo, yo soy él” reza la Malinche.





La siguiente en entrar a escena María Estrada (Stefanie Weiss) una mujer que acompañó a su esposo a la guerra por conquistar un nuevo mundo, de origen gitano, ella aspiraba a la tierra prometida, un lugar donde podría ser ella, donde podría estar segura protegida por su espada. Aunque tuviera que pagar su lugar en este nuevo mundo derramando litros y litros de sangre de los vencidos.







Acompañamos también al Tlatoani Moctezuma II (Mauricio Pimentel) por su camino al inframundo, para ese momento el abundante humo del copal creó una atmósfera de neblina, y fuimos testigos del dialogo entre él y uno de sus dioses, tiene la importante reflexión de que existe poder en las palabras tan fuerte que incluso pueden lastimar a los muertos, y como en el inframundo incluso los reyes pueden perderse al tratar de encontrar su camino, fue el más catartico de los cinco monólogos presentados durante la función, mucho tuvo que ver el excelente trabajo actoral, su dicción, la fuerza de su voz, y la corporalidad. Nos hizo sentir el más allá.


Nochipa (Silvia García) nos entrega una oda al amor materno, ese amor fuerte resultado del deseo intenso de dar vida, el arrulló de una madre ante su recién nacida se vuelve confesión de lo que fue su trabajo de parto, el deseo de su padre que ya falleció porque fuera varón, por tener un guerrero, Nochipa reflexiona, “Quieren guerreros pero si no nacieran mujeres cómo seguiría vivo el sol”.


Tal vez el elemento menos afortunado del montaje fue el apoyo de la videoproyección que al estar de fondo, el árbol de la escenografía estorbaba la visión completa, además de perderse con los textos demasiado largos, que si los hubieran omitido poco o nada cambia la compresión de la obra. 



Los invitamos a la tercera parte de 1521: La caída, hoy 20 de mayo a las 8PM en el Aula Magna del Colegio Civil Centro Cultural Universitario. Los boletos los pueden adquirir en taquilla previo a la función. Y si no presenciaron las dos primeras partes eso no impide su comprensión ya que su estructura funciona de manera de un monólogo tras otro. Es una excelente oportunidad de reflexionar lo que somos, y de tener un panorama más amplio de un hecho histórico lleno de dolor y sangre.